Sumergido en una pena profunda que me presiona el pecho y me estruje el cuerpo,
diluyendo lágrimas que se mezclan entre las gotas de esta tristeza en la que estoy ahogándome.
Busco a lo lejos, lo mejor de lo vivido, para naufragar,
respirar ese aire de tranquilidad que supe tener antes del derrumbe del castillo,
ese que me había construido para poder ver desde la torre lo que no queria vivir,
lo que esta sucediéndome justo ahora.
Y sentado sobre una hoja de papel, comienzo a navegar por la mente,
buscando rostros, palabras, miradas.
Intento hallar el color de tus ojos que me avisen de tierra firme para descansar,
pero esta niebla al corazón me hace perder e irme cada vez mas lejos,
mas ausente.
Mis manos congeladas, tiesas, inmóviles que quieren levantar una bandera blanca,
pero resultan inútiles, cargadas de un maldito orgullo que no servirá en este viaje,
y menos a la hora de enfrentar a los piratas de estos océanos.
Sonreiré como volviendo a tener tus dedos enlazados con los mios,
tu cuerpo sobre mi espalda, tus besos en mi cintura,
tus manos acariciando esa pasión que nos secuestraba por horas,
que nos alejaba de la realidad, que nos encerraba para ser esclavos del placer,
de la excitación, de lo mas sagrado de uno entregando hacia el otro.
Pero secaré mis lágrimas, me lavaré el rostro
y tendré la esperanza sentada en este último rincón que me queda,
de que pronto todo volverá a ser como antes,
cuando despierte de este sueño eterno,
o cuando te encuentre naufragando en otros mares.
© Juan Manuel Ramos
