
Se le vio una sonrisa escaparse de sus labios serios, callados.
Se le escabulló un suspiro que desnudó sus silencios,
y se encontró consigo mismo.
Se desvaneció en una mirada traviesa,
en una tierna y a la vez salvaje inspección del espacio,
del asfixio.
El tiempo corrió a su lado, pasó por él,
lo traspasó cual espectro, en su mundo de fantasías.
La noche fue llegando envolviendo consigo la esperanza,
la desesperanza, el abatimiento y la ambición.
Quiso enterrar las sensaciones que lo derrumbaban,
pero solo las escondió dentro suyo,
apretandolas fuerte con sus manos.
La desdicha lo desnudó,
y quedó frente a él,
ese, quien nunca lo amó.
Se le escabulló un suspiro que desnudó sus silencios,
y se encontró consigo mismo.
Se desvaneció en una mirada traviesa,
en una tierna y a la vez salvaje inspección del espacio,
del asfixio.
El tiempo corrió a su lado, pasó por él,
lo traspasó cual espectro, en su mundo de fantasías.
La noche fue llegando envolviendo consigo la esperanza,
la desesperanza, el abatimiento y la ambición.
Quiso enterrar las sensaciones que lo derrumbaban,
pero solo las escondió dentro suyo,
apretandolas fuerte con sus manos.
La desdicha lo desnudó,
y quedó frente a él,
ese, quien nunca lo amó.
© Juan Manuel Ramos