Y el tiempo fue pasando.
Tus manos, tu risa, tu voz han desaparecido,
ya ni un triste recuerdo queda de tu sonrisa.
Y nada vuelve a ser igual.
El deseo de escucharte me obsesiona.
Tus manos frias y tiernas me acarician
en el silencio de tus ojos dormidos en algun lugar,
en tu parpadear del alma.
Debería haberte dejado entrar en mi,
permitirme sentirme amado,
amarte,
sin miedos.
Y las hojas de nuestro árbol caen,
la tierra se convierte en arena,
todo muere.
El agua se congela,
el aire se solidifica,
me ahoga.
Vos tan lejos,
desde aquel dia,
desde siempre.
Cerré las puertas,
amontoné emociones y sentimientos,
por cobarde.
Y este terremoto que me sacude
me las abrió.
© Juan Manuel Ramos