Caminando rápido, pues a la cita que voy no puedo llegar tarde, pero sin embargo lo voy a hacer. Entro en el bar indicado donde estaría ella, esa historia del pasado, ese amor de juventud, ese pedazo de mi historia, de la suya. Caminando entre medio de la gente, de las mesas, la veo sentada sobre el ventanal, con una taza de café, revolviéndolo suavemente, como con tranquilidad. Nos saludamos con un abrazo, como esos que nos dábamos cada vez que nos veíamos hace muchos años atrás. Ella estaba muy bonita, con sus labios de un color natural, sus ojos apenas delineados y sus manos tiesas, pero hablaban por si solas al acompañar cada palabra que ella decía con unos movimientos sutiles.
Salimos del bar donde estábamos. Afuera llueve, como con tristeza, la tarde se vuelve gris.
Te digo que te he echado de menos, que te extrañe y que me has hecho falta, pero siento que estoy lastimándote aun más de lo que ya había hecho antes, cuando éramos uno, y no como ahora que cada cual tiene su vida. Pareces no creerme o no entenderlo, pues eso es lo que lleva a callarme, a no hacer el papel de ridículo.
Pareces triste, aunque sonreímos de cualquier cosa y que la lluvia nos hace recordar tiempo donde la historia era linda, donde me amaste, donde… quise amarte.
Y los años fueron cambiando las cosas, ya no son los libros los que quiero llevarte para descargar tu peso, ahora pareciera como que tienes un montón de cosas en las espaldas que te pesan, que te duelen y que yo no puedo descargarte, pues yo he sido el culpable de que tengas esos sufrimientos a cuestas.
Te cuento de mi vida, de cómo ha cambiado, de mis cosas y no paro de hablar ni un segundo, otra vez, seguramente, pensaras que sigo siendo igual: que solo importa lo que me pase a mi. Pero no quieres hablar, pareces ausente.
Nos sentamos en un banco de una plaza cualquiera, aunque la lluvia ya había mermado. Allí te miro, levanto tu cara que miraba hacia abajo. Pones tu mano sobre la mía que agarraba tu cara, me clavas tu mirada, triste, ausente, enamorada pero herida. Quiero besarte pero te alejas de mis labios y me miras con desconcierto y algún sentimiento extraño que tu mirada no supo definir… quizás estabas pensando como decirme que gracias a mi has conocido el sufrimiento de alguien en quien confiabas… pues, no lo se.
Te pido disculpas, te digo que ha sido un error encontrarnos y marcho.
Sigo caminando con la esperanza de que vengas corriendo a detenerme pero no lo haces… y estoy cada vez mas lejos… mas culpable. Miro hacia atrás y solo veo el banco en el que estábamos vacío, lleno de ausencia y tu perfume rondando el el lugar
Te lastime… no supe amarte de buen modo, y no se pedir perdón. Dejo al tiempo pasar, y finjo que mi vida esta bien. Pero la culpa me hace actuar de la misma manera… una y otra vez.




© Juan Manuel Ramos

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