Calla, que tus labios me destrozan,
que tu boca se seduce,
que tu lengua me provoca,
que tus palabras me desnudan,
y ya no puedo tocarte.
Cierra los ojos que tu mirada me duele,
que tus pupilas te denuncian,
que su luz no me alumbra,
que están ciegos de razón.
Deja tus manos caer,
que hoy me duelen,
que hoy no me acarician,
que hoy me escupen odio.
Y dañas mis sentimientos,
no admites que te quiero
y calculas fría, desalmada y sádicamente.
Y sin querer (o queriendo),
mis lágrimas quedan en tus dedos,
veloces e inquietos,
duros y asesinos.
Cierras tus ojos, bajas la cabeza,
niegas algo con el movimiento de tu cabeza,
mi cara hacia un costado,
con mi mano tapando las huellas de tus dedos,
tu mano se apoya sobre la mia,
me das una caricia
y tu llanto despavorido me avergüenza.
Giras tu cabeza,
tu pelo vuela frente a mi...
y cruzas el umbral,
maldita imagen que me atormenta,
maldito desconsuelo que me ahoga.
Ni tu perfume, ni tu voz se sienten ya...
algo se destruye, algo se derrumba,
algo muere...
© Juan Manuel Ramos