CARTA A QUIEN NUNCA EXISTIO




SeƱor, usted que es tan serio, que guarda tanto misterio en su mirada, tanto silencio en sus labios, y tanto enigma en su mente. Usted, seƱor, que cree saberlo todo de la vida, que cree caminar hecho y derecho en su existencia, dejando lo "mejor" de lo que usted es, y sin darse cuenta, esta dejando escapar y perdiendo lo mas valioso que pudo haber conseguido. 

SeƱor, yo no se si le guardo rencor. A mi lado una persona vio mis primeros pasos, mis primeros balbuceos, cuido en mis llantos, festejo mis alegrĆ­as, vivió mis momentos, vio como iba dejando cosas para adaptar otras. De esa persona nació el fruto que juntos habĆ­an cosechado, y usted, seƱor "maduro", dejó que le cuidara. 

Señor, que no sabe lo importante y valioso, lo preciado y admirable que es tener lo que usted despreció, lo que yo no puedo tener por naturaleza y por lo que estoy luchando junto a mi compañero de vida. Y los años han ido pasando, señor, y a usted nunca le interesó, y al leer esto, tampoco le pasarÔ nada por su cabeza, tan hundida en el orgullo, en la soberbia, en el egoísmo, engreído, arrogante, vanidoso. Y sus años también estÔn pasando, y ya se da cuenta (supongo), que la vida le fue dando la cosecha de lo que ha sembrado. Usted ya no es el señor morocho, alto, todo un hombre, que conquistaba al caminar, de hecho ya no tiene la misma energía que hace veinte años atrÔs. Usted es grande, y estÔ empezando a escuchar los sonidos que los años le van haciendo, ese cansancio en la mirada, esas ganas de ser escuchado, de quien le hable... pero usted es terco, es duro de entender, de razonar. Siga contando cuatro, el número cinco ignorelo.

¿Sabe algo? Usted me ha daƱado mucho, y es una tristeza que pesa, aunque hoy, luego de haber formado mi propia familia, dejando las alas que me cobijaron, aquellas a las que usted me dejó, no siento la necesidad de tenerlo a mi lado como hace unos pocos aƱos atrĆ”s. Sin embargo, seƱor, quisiera atreverme a decirle que usted, aunque debe imaginarlo, no es tan "seƱor". Y si me dirijo con ese tĆ©rmino a su persona, es porque para mi, siempre fue un desconocido.

Es de poco hombre no tomar la responsabilidad que usted debió, es la vergüenza que cargo a mis espaldas, aunque por usted solo sienta lÔstima.
SeƱor, che, vos, flaco... me hiciste falta (quizƔs), pero hace 24 aƱos que se vivir sin usted.
Necesitaba decirle esto, desahogarme.

Hoy me detengo dos segundos, respiro profundo y me pongo de piĆ©. 
Le pierdo el respeto hoy. Usted ya no existe en ningĆŗn lugar de mi mente. 
Me avergüenza usted, padre.
Sigo mi vida en su ausencia, seƱor, siempre ha sido asi.




© Juan Manuel Ramos.

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