BRÚJULA DESCOCIDA


Ahogado en la soledad, en la tristeza, en la nostalgia.
Naufragando del pasado, orillando mi pecho al presente.
Caminando sobre el mar de soledades,
buscando las huellas de alguien que nunca pasó, que no caminó.
Desmayándome por la sed de cariño que añoraba y no conseguía.
Mojando mi cara, agrietándose mis manos de la sequedad,
cayéndose mis ojos de la penuria de fuerzas, de la carestía de alimentos del alma,
de los restos de alma que el polvo dejó al descubierto.
Desgarrándome las entrañas del corazón
para quitar el poquito espacio en el que quedó pintado tu nombre,
para librarme de ese cautiverio perverso en el que me he hallado expuesto,
de ese camino sin principio, de ese pasado que suele dar miedo,
que suele aterrorizarme y se desvanecen mis brazos,
los cuales están sujetando la cuerda que el presente me está lanzando.
Dejo mi voz oxidada que fue dueña del silencio de la oscuridad
de esa selva de fieras salvajes del amor...
Y si caminando hacia a mi, mis pies se encontraran sobre brasas,
dejaré que marquen las plantas de los pies,
así sabré cuando desperté de ese sueño que me ahogaba el alma,
o viéndolo diferente, lo único que me llenaba el cuerpo.





© Juan Manuel Ramos

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