Me voy. Miro por ultima vez el descampado que hay frente a casa para llevarme una ultima imagen de la visión que solía tener cuando en las noches de verano me sentaba afuera para tomar un poco de aire, o cuando en mi niñez, con mi vecina amiga, nos tomábamos horas para contar los camiones que pasaba por la ruta que se perdía en el horizonte.
El taxi que me llevara a la terminal de ómnibus parece estar apurado. Cargo las maletas que denotan que por durante un largo tiempo no volveré.
A punto de cumplir 20 años. ¿Seré chico todavía que el saludo de mi familia se hace eterno y las palabras de mi madre se transforman en un sermón?
A Córdoba. Bastantes kilómetros de distancia a mi ciudad natal. Buscare la forma de ser alguien en esta vida, de la única manera que se puede sobrevivir.
Acá estoy. El viaje que esperaba alegre se convirtió en una completa tristeza de saber que deje atrás mis amigos, mi casa, mi familia, las calles y la gente que me vio crecer, los lugares a los cuales concurría con frecuencia. Empezar de cero. Desde mis 17 años deseaba esto con ansias… no puedo echarme atrás.
Subo al ómnibus. Por el vidrio observo las calles, las casas, los negocios, las cosas que he vivido en tanto tiempo.
Llevo tantos recuerdos conmigo. Tantas lagrimas, tantos silencios. La nostalgia que llevo encima me da ganas de cambiar de destino y desaparecer para siempre. Estos últimos tres años han sido solo de penas, tristezas; malos recuerdos, malos momentos.
Estoy saliendo de la ciudad. Ya esta. Estoy cada vez más lejos y no puedo arrepentirme, no puedo volver a lo que fue motivo de mi mal sentir.
¿Buscar mi futuro o que el futuro me busque a mí?
Sin querer me duermo. De pronto al despertar recuerdo un sueño: mi vida en imágenes, sonrisas, abrazos, lagrimas…consejos.
No quiero despertar con otro sueño así que decido no volver a dormir por el resto del viaje.
Mirando paisajes y observando la naturaleza, un anuncio en un cartel me hace dar cuenta que ya entramos a la ciudad. Otra vida, otros ritmos, otros gustos.
Luego de 30 minutos más de viaje, llego a mi destino.
Ahora… ¿Será que es mi primer día en la capital que no me arrepiento de haberme venido? ¿O será que si me arrepiento pero es tan el shock emocional que tengo que ni cuenta me doy?
Empiezo a caminar hacia mi departamento situado en un lugar cercano de la estación de ómnibus.
Un día nublado. No mucho frío pero si como para abrigarse un poco me insita a recorrer mi nuevo espacio de vida. ¡Es todo tan raro! Seguramente me acostumbrare tarde o temprano.
Voy en camino nuevamente hacia mi departamento después de una larga caminata de casi dos horas y media. Algo extraño estaba pasando conmigo… parecía estar contento de haberme alejado de mis cosas.
Llego a mi destino. Voy subiendo por las escaleras; chicos por allá, chicas por allá: el edificio parece estar lleno de adolescentes, oportunidad para conocer nuevas amistades.
Busco entre papeles y cosas que guardo en mi bolsillo, la llave de mi departamento. Abro la puerta, una noche solitaria me espera. Me hago la cena “Ahora no tengo quien me la haga” y me siento sin preocupación a comer. Mmm… no estaba muy rica así que decidí ir a comprar una pizza a alguna roticería que estuviera cerca. 10 de la noche y yo caminando por las grandes calles de Córdoba. Encuentro un local y debo esperar 20 minutos para mi pedido. Mientras pasa el tiempo decido tomar un poco de aire afuera y diviso que a metros hay un ciber. Pago la pizza y mientras demora decido ir al ciber para conectarme al Messenger. Entro al lugar, me siento en una maquina. “Conectado” anuncia la pagina. Empiezo a verificar con quienes puedo conversar. De repente se abre una ventana que me dice “¿Cómo estas?”. Era Jose, el dueño de mis poemas, mas que dueño, la inspiración justa, precisa y exacta. Empezamos a conversar por medio de este. Cuando le conté que justamente estaba en Córdoba, de donde es él, creo que no dudo en preguntarme en donde estaba parando y si podíamos encontrarnos esa misma noche. No supe que decirle, en ese momento sentí que me tilde. Me vinieron muchas cosas a la mente: invierno de 2005, cartas, llamadas, mensajes, lo enamorados que estaba de una persona que no conocía, que jamás lo había visto mas que por fotografías. Y bueno… tenia que decirle donde estaba mi departamento para conocernos, ¡ojo, solo conocernos!
Pase a retirar lo que había encargado en la roticería, ahora la cena seria para dos; había mucho de que conversar. Volvía a mi departamento cuando vi a un sujeto parado frente al edificio. Llegue, pase por al lado de esta persona cuando una vocecita atrapante pregunta con una tonada oriunda del lugar: “¿Martín?”. Me di vuelta. ¡Era el! No podía creerlo. Era tanta la emoción que sentía mi corazón galopar sin control. Un “Hola” tímido fue lo que alcance a contestar. “¿Vos sos Jose?” –Pregunte- “si, el mismo” contesto y se lanzo a mi para darme un abrazo, ese que hasta el día de hoy recuerdo.
Subimos al departamento. Le invite una cena de a dos soledades. Prepare la mesa. Hablamos de todo un poco, de tal forma que nunca creía poder hablar tanto como lo hice esa noche. Realmente buscamos una buena amistad, no pretendimos nada, era como comenzar a conocer si lo que alguna vez creímos de nosotros era realmente cierto.
El estaba hermoso, una camisa ultima moda junto con el pantalón negro extravagante, un collar, pulseras y cinto de tachas. Estaba realmente hecho todo un ganador. Le pregunte a que se debía tanta belleza, a lo que contesto que había llegado con la intención de sacarme a dar una vuelta por los boliches más populares. Como siempre, yo, negándome al principio pero aceptando luego. Eran recién las doce de la noche. Mientras me deba una ducha y me producía un poco, el estaba sentado tomando un café mirando un poco de televisión. Cuando salí del baño se quedo mirándome. Creía que estaba algo desarreglado, el cierre abierto del pantalón, la camisa descocida, ¿o que?; ¿Qué era lo que tanto miraba? Cuando le pregunte solo contesto: “Solo admiro la belleza”. Me impacto esa frase pero no acote nada al respecto más que un “gracias” y mis mejillas rojas.
Bajamos las escaleras con una sonrisa de oreja a oreja. Salimos del edificio, estaba un poco fresco para mí que recién salía de ducharme, pero caminando un poco se me pasó. Llegamos al primer boliche. Tomamos un poco de cervezas y luego dos tragos extraños. La música no era de mi gusto así que decidimos marchar hacia otra disco. Íbamos borrachos de alegría, por el encuentro, por el momento, por aquellos pocos recuerdos que tuvimos de chicos y ahora estábamos creando nuevos.
Llegamos a ese boliche tan conocido de la capital… ¿Cómo se llama?... bueno, no recuerdo en este momento. Seguimos tomando un poco mas de alcohol. Cuando notamos que se nos estaba yendo la mano, decidimos no tomar más y salir del boliche para caminar un poco por la calle. Pasamos por un bar y decidimos tomar unos cafés y continuar conversando de nosotros. El café no nos quito la borrachera. Cuando nos levantamos de ahí decidimos terminar la noche de fiesta. Tomamos un taxi para ir a mi departamento. Llegamos. Como le había ofrecido mostrarle algunas cosas: fotos, escritos, las suyas que aun guardaba; se bajo y tomamos otro café. Estábamos un poco recuperados ya. Mirando papeles nos cayo la nostalgia y empezamos a contar todas las veces que nos jugamos el uno por el otro sin conseguirnos. No teníamos intención de nada cuando nos dimos un abrazo. No se quien fue que atino a dar un beso en la boca que de repente nos vimos frente a frente y volvimos a sentir esas mariposas en la panza anunciándonos que aquel amor que se había detenido en el tiempo volvía a surgir con mucha mas fuerza. Pero no pasó nada más. Esa noche queríamos sentirnos presentes y eso fue lo que hicimos: nos acariciamos, nos abrazamos y nos besamos. ¡Nunca me había sentido tan feliz!
Por la mañana cuando despertamos, nos preparamos entre ambos un desayuno de lujo. Teníamos que festejar la reaparición de aquellas sensaciones que teníamos cuando aun chicos. Cerca del mediodía quiso irse a su casa y llevarme a mi con el. Me negué. Le dije que tenía que hacer unos trámites y que por la tarde sin falta iría. Se fue y yo me quede acomodando la ropa de los bolsos.
Otro día nublado, pero esta vez con un poco de lluvia.
Me di una ducha cerca de las dos de la tarde. Me recosté en la cama. Cuando estaba quedando dormido mi teléfono celular comienza a sonar. Mi familia. Otra vez los recuerdos pero esta vez no eran tan fuertes, claro, ¡estaba feliz!
Por la tarde me fue a buscar en el auto de su hermana con ella dentro. Cuando bajábamos las escaleras lo notaba muy cariñoso. Subí al auto. Salude a la hermana, la cual se acordaba de aquellas madrugadas en que nos comunicábamos y hablábamos horas y horas por teléfono. El iba sentado en la parte de atrás junto a mí. Se me acerco unos centímetros y me rompió la boca de un beso. Me dejo atontado, más aun cuando estaba su hermana en frente. El se rió y solo dijo “No te hagas problemas, ella ya sabe”.
Llegamos a su casa. Entramos. Salude a unos familiares y luego me llevo a su habitación en la cual estaba una amiga de el a la cual supe reconocer inmediatamente. Hablamos mucho. Luego decidimos salir a caminar por la ciudad ya que la lluvia había calmado. Vivimos sonriendo, contando historias y hasta algunos chistes, de esos aburridos que yo se.
Los invite a cenar a casa, así que decidieron irse a preparar para la noche. Tome un taxi y volví a mi departamento para hacer un poco de limpieza diaria. Decidí comprar nuevamente pizzas y empanadas, no tenía otra opción.
Llego la noche junto a ellos. Note que bien me sentía estando con Jose y su amiga.
Sábado a la noche. Decidimos salir a un nuevo recorrido bolichero. Llegamos a uno que aparentaba estar bueno. Tomamos unos tragos. Después de ello nos retiramos para otro encuentro nocturno. Fuimos a un Pub. Entre cervezas, música y gritos, empezamos a hablar de “nosotros”. De pronto llegamos a un acuerdo: besarnos y partir a mi departamento. Llegamos a el. Subimos sin despegar nuestros labios. Pasión. Excitación total. No dudamos en compartir nuestros cuerpos sin cohibirnos. Esa noche fue totalmente nuestra.
Cuando desperté lo vi ahí, durmiendo en mi lecho como un angelito. Debí haber guardado aquel momento para siempre. Su cuerpo descansando como siempre había querido tenerlo. Jamás había visto tanta belleza. Me acerque a su cara, le di un beso y despertó. Me acaricio, me agarro de las manos y me tiro a su lado para hacerme cosquillas. Cansados de reírnos tanto decidí levantarme a hacer el desayuno luego de una densa ducha a la cual prosiguió el también. Desayunábamos mientras acordábamos otro nuevo encuentro en el día. En esa charla surgió la pregunta: “¿Qué hacemos de nosotros?” Nos pusimos de novio recién tres días después.
El tiempo que pasábamos era insuficiente así que alquilamos un departamento para vivir juntos, como pareja.
El con su estudio de modelo, yo con el mío y mi trabajo en radio nos impedía un poco estar juntos pero nunca nos olvidábamos de decirnos lo que sentíamos uno al otro, ese “te quiero”, una llamada de teléfono que demostrara que nos pensábamos, un mensaje, y hacernos notar de que aunque fuera por poco tiempo ya nos extrañábamos y que no veíamos la hora de volver a vernos.
A los 16 meses decidí volver a mi ciudad para ver a mi familia, pero esta vez volvería acompañado con el.
Llego el día tan ansiado por ambos. El viaje me hizo poner más feliz aun. Volver a ver a mi familia, mis amigos, gente y lugares.
Llegamos a la terminal de ómnibus. Después de haber vivido tanta rapidez entre la gente, esa vida tan agitada, después de haber visto en el viaje tantos paisajes y de pronto nos vimos acá, con casi nada para disfrutar. Se noto esa diferencia, esa ausencia.
Bajamos del autobús, ahí estaba toda mi familia. ¡Como habían crecido los niños y que viejos se han puesto todos! Ahí estaba yo, abrazando a mis raíces, colmado de felicidad.
Que diferente estaba la ciudad. Empecé a observar esos cambios que tenia. Estaba, aun mas linda.
Supuestamente nos quedaríamos acá unas dos semanas.
Alquilamos una habitación en un hotel de estos que están en el centro. Por las noches solía salir a caminar para mostrarle y admirarme yo también de las novedades.
Fueron dos semanas de alegrías. Estábamos de vacaciones ambos así que nos pasábamos de lunes a lunes en fiesta, aunque no como en Capital, pero la pasábamos muy lindo.
Mi familia nos trataba ¡de diez! No había reproches ni nada por el estilo al vernos juntos, al vernos tan felices, ellos también lo eran.
Llego el último día. Teníamos que dejar la ciudad para retomar la rutina.
Cargamos las maletas al taxi que nos esperaba, de ahí a casa de mi familia a despedirnos y luego a la terminal de ómnibus para partir. Entra la melancolía nuevamente al alejarme de mi ciudad natal. Apoyado contra el vidrio del colectivo, voy recordando mi infancia, mi adolescencia, mis sueños realizados y desde donde partieron cada uno de ellos.
Otra vez los paisajes y el mismo cartel que anunciaba que ya habíamos entrado a destino.
Llegamos. A nuestro departamento. Estábamos muy cansados así que decidimos acostarnos.
Nos despertamos y empezamos a acomodar nuestras cosas, la casa, la ropa, nuestras cosas. Almorzamos. Fuimos de unos amigos y luego a la casa de sus padres a visitarlos ya que estábamos de regreso.
Ultimo día de vacaciones.
Después de haber pasado seis años juntos, no recuerdo que fue, pero algo nos salio mal y decidimos separarnos.
Hoy ya no recuerdo su imagen. Sus ojos mirando fijamente a los míos se han borrado de mi memoria. Tan solo un recuerdo importante me queda: lo feliz que fuimos estando juntos.
Desde entonces no he encontrado a nadie que se le parezca.
¡Lo extraño tanto!
Lo necesito ahora que ya soy alguien en la vida para tener una razón por quien serlo.
Nunca mas volveré a verlo y si nos llegamos a cruzar ya no nos vamos a reconocer.
Por si acaso lees mi relato, quiero que sepas que… Siempre te amaré.
Por siempre tuyo.
© Juan Manuel Ramos